Sobre Mi + Servicios

Cuando Joseph Nicéphore Niépce tomaba la que muchos llaman la primera fotografía, allá por 1827, pocos podrían imaginarse que llegaría a ser no sólo una de las aficiones más populares, sino también una de las tecnologías con más rápida evolución del Siglo XX. Pero, dejando la tecnología de lado, son precisamente las cámaras clásicas las que son hoy por hoy más buscadas por coleccionistas y aficionados avanzados.

En mi caso, todo comenzó siendo apenas un adolescente. Interesado desde siempre por, entre otras cosas, la historia y el coleccionismo de antigüedades, un día me encontré con una Agfa Isolette, y me hice con ella. A pesar de no tener ningún conocimiento previo ni de fotografía, ni de cámaras de formato medio, ni de cámaras antiguas en general, a día de hoy sigue siendo uno de mis mejores hallazgos (aunque este modelo es una de mis cámaras preferidas y uso varias con regularidad, la primera siempre tendrá un sitio especial). Pronto aprendí a apreciar todo lo que envuelve la creación de una imagen, y a maravillarme con los resultados que, casi 75 años después de su fabricación, podía seguir obteniendo.

Sin embargo, la falta de conocimiento pasó factura, y en menos de un año y en medio de un paseo fotográfico por uno de los Ensanches de mi ciudad, descubrí que el fuelle de mi preciada cámara estaba pagando el uso diario (no excesivo pero sí constante ya que mi único propósito es hacer una fotografía al día). Pensando (acertadamente, por supuesto) que el fabricante ya no tendría repuestos, y teniendo en cuenta que los fuelles no son algo que se compre en el supermercado, simplemente pensé en hacer un esfuerzo y comprar otra cámara igual. Cual no sería mi decepción cuando recibo la cámara y compruebo que el fuelle está incluso en peor estado que el primero (que, al menos, era de piel sintética, frente al de vinilo del segundo ejemplar). Investigando, descubro varias cosas: por un lado, que las Agfa Isolette tienen buen número de seguidores y, por otro, que tanto el fuelle como los lubricantes usados en la fabricación de éste modelo en concreto eran de una calidad, cuanto menos, mejorables. Se cuentan con los dedos de una mano (y sobran dedos ;-) los proveedores de fuelles de recambio nuevos para cámaras antiguas, y en todos los casos los precios se me iban de lo que mi bolsillo de estudiante y teleoperador me podía permitir. Probé a usar pequeños trocitos de cinta adhesiva negra para cubrir las roturas en el fuelle, pero a los pocos usos la cinta comenzaba a desprenderse y el adhesivo iba pegando el fuelle, empeorando aún más el problema. Lo mismo con las lacas o los vinilos líquidos. Decidido a usar la segunda cámara como zona de pruebas, probé diferentes métodos y sugerencias, pero nunca alcancé a encontrar una solución que fuera a la vez satisfactoria y definitiva. No me quedaba otra opción más que buscar reemplazos para el fuelle yo mismo.

Entre tanto, mi afición por las cámaras antiguas (en general sólo de cámaras manuales hasta 1975, fecha aproximada de comienzo de la "fiebre electrónica" en la fotografía) continuaba creciendo, y me iba a haciendo con otras cámaras, sobre todo de fuelles y de alrededor del tiempo de entreguerras (entre las décadas de los años 20 y los años 50 del siglo pasado).

Tras muchas pruebas, varios viajes y algo más de un año de búsquedas, finalmente encontré la forma de reemplazar los fuelles de mis "viejas" cámaras y devolverlas todo el potencial que poseen y que proporciona a aquel que se ponga detrás de ella y sepa manejarla (como ocurre casi siempre ;-). Desde entonces, decidí continuar más seriamente una formación que me llevara a poder restaurar esas pequeñas maravillas castigadas por el tiempo, y ponerlas en manos de alguien que, quizás como yo, descubra la complejidad tan simple y tan atractiva que se oculta en la cámara oscura. Ya no queda mucha gente que se dedique a la reparación y restauración de cámaras antiguas, los pocos que hay son de una edad ciertamente avanzada, y en ningún caso es permisible dedicar 12 horas al día a estas tareas. Así que aprendí lo que tenian para enseñarme aquellos que me abrieron la puerta, y me hice con un cierto número de manuales de servicio y piezas. Hoy por hoy se trata de MI hobby, una de las cosas que más disfruto haciendo, o que me ayuda a disfrutar aún más de otras que hago.

Actualmente me especializo en cámaras plegables de fuelle, y mi colección personal cuenta con cerca de 100 ejemplares y abarca desde comienzos del siglo XX (una cámara de placas Ica) hasta el año 1966 (una Linhof Technika V), con dos concesiones modernas (Pentacon Six de 1989 y Mamiya 7II de 2008) y tan sólo una cámara digital empleada para la mayor parte de las fotos de las cámaras que incluyo en éste sitio. Disfruto usando todas y cada una de ellas, y disparo el 95% de mis fotografías en Formato Medio, el resto mayormente en 35mm con un pequeño porcentaje para digital. Pienso que devolver el uso a estas máquinas del siglo pasado es como hacer un viaje en el tiempo que nos lleva a, de cierta forma, experimentar lo mismo que hicieran tantas otras personas antes, algunas anónimas y otras no tanto; no sólo detrás de la cámara que tienes entre las manos, sino de tantas y tantas cámaras que, ya sea por motivos tecnológicos, económicos, estadísticos o políticos, merecen ocupar un puesto relevante como una aportación objetiva al dónde estamos y de dónde venimos en el mundo de la fotografía, y a comprender mejor qué significa para cada uno de nosotros una imagen estática.

En definitiva, ver el mundo de otra manera.