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Zeiss-Ikon Ikoflex

Zeiss-Ikon fabricaría la serie Ikoflex de cámaras TLR desde comienzos de la década de los 30 hasta finales de los 50 del siglo pasado, incluyendo variaciones en los modelos a lo largo de ese periodo. La idea original tras la presentación de éstas cámaras es que Zeiss Ikon podría competir con la Rolleicord de Franke & Heidecke. Si comparamos las funcionalidades que comparten tanto las Rolleicords como las Ikoflex IIa, la similitud resulta bastante obvia. La Rolleicord montaba lentes Xenar de 75mm y f/3.5 de apertura máxima, y la Ikoflex IIa una Tessar de iguales características nominales; la Rolleicord no tenía temporizador para retardo de disparo, y tampoco se incluyó en la construcción de la Ikoflex IIa; la Rolleicord cuenta con una rueda para hacer el avance de la película a diferencia de la palanca usada en las Rolleiflex, así que la Ikoflex IIa avanzaría mediante una rueda lateral; la Rolleicord no tensionaba el disparador de forma automática tras avanzar la película, y tampoco lo hace la Ikoflex IIa. Y así en muchas otras. En el momento en el que caiga una Rolleicord en mis manos podré hacer una comparación más exhaustiva en cuanto a los resultados finales que ofrece cada una.

El caso es que, por desgracia para la compañía Zeiss, nunca consiguieron alcanzar un verdadero éxito de ventas o siquiera sacar a Rollei de lo más alto en lo que a cuota de mercado se refiere. La principal culpa sería de la propia Zeiss, habiendo sido incapaz de prestar toda la atención debida a cada uno de los detalles que habría sido deseada por parte del mundo profesional de la fotografía. Aunque para el usuario aficionado, la cosa no es tan grave.

Teniendo la Ikoflex IIa entre las manos, una de las cosas que más llama la atención es que es bastante pequeña (no tanto si la comparamos con cámaras destinadas a usar película de carrete de 35mm, pero hay que tener en cuenta que éstas cámaras cargan película de 120 para dar fotografías de 6x6 con un tamaño de negativo prácticamente 5 veces superior). Esto da la ventaja añadida de que es fácil de transportar, y si se la combina con la funda de cuero original (o una de similares especificaciones) se puede llevar colgada del cuello sin demasiado problema.

Una de las cosas que también más se nota una vez te familiarizas con la cámara es que, en cierta manera, le falta carácter. Por supuesto, la construcción es metálica y sin fisuras, y la calidad fuera de cualquier duda, como es norma de la casa Zeiss. Sin embargo, el diseño, los controles, etc. le dan un aire falto de imaginación. La rueda que maneja el enfoque, por ejemplo: por supuesto, cumple su cometido con total capacidad, pero es puramente funcional, sin aportar nada más. Eso lo comparten todas las ruedas y botones de la cámara.

Salta a la vista que en el tablero de diseño del ingeniero, las órdenes que primaban eran las de la funcionalidad frente a la estética. Es indudable que hay ciertos elementos que le permiten diferenciarse, como pueda ser el símbolo de Zeiss-Ikon en la cubierta del visor de cadera, o los extraños rebordes alrededor de los bloques de lentes.

La construcción, como ya hemos dicho, es bastante buena. Fabricada íntegramente en metal, tiene un muy buen acabado y es fácilmente apreciable de igual forma que el montaje lo hicieron técnicos perfectamente cualificados. Aún así, no es especialmente resistente, o mejor dicho, no aparenta ser igual de resistente que lo que pueda ser su contrapartida en Rolleicord. Ésto, combinado con un mejor aspecto, deja más o menos claro el por qué de las preferencias hacia Rolleicord frente a las Ikoflex.

El objetivo que se utiliza como visor para el encuadre es un Teronar, de 75mm de longitud focal y una abertura máxima de f/3.5 mientras que, como ya dijimos, el objetivo de toma es un Tessar, también de 75mm y f/3.5 de abertura máxima, montado sobre un disparador Compur-Rapid con rango de velocidades que van desde la más lenta de 1 segundo hasta la más rápida de 1/500 además del modo B. Además, el Tessar montado en ésta cámara tiene recubrimientos T, lo que mejora aún más la formulación Tessar cuyas virtudes y características son de sobra conocidas, y que probablemente explica el por qué la Ikoflex IIa sigue teniendo buen tirón entre usuarios y aficionados.

Y la característica más llamativa en lo que a poco intuitiva se refiere está en la forma en la que el disparador se comporta una vez se han completado los 12 fotogramas del rollo de película. De hecho, el disparador deja de reaccionar una vez alcanzado éste punto, y se bloquea hasta que, manualmente, se presiona y gira el contador de número de fotografía hasta posicionarlo en el número "1". En ese punto, el dial encaja de nuevo con un audible "click" y ya estará lista para disparar de nuevo. De lo contrario, el sistema de avance simplemente avanzará hasta el infinito, rotando la escala de números del 1 al 12 y volviendo a empezar de nuevo.

Una cosa buena de éste sistema de bloqueo es que se muestra una pequeña marca blanca en una ventanita justo tras la palanca del disparador cuando éste se encuentra en estado bloqueado, reemplazándola por una marca de color rojo cuando está lista para usarse. Cuando esté así, simplemente hay que tensionar el disparador y listo para encuadrar y hacer la foto.



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